La ideología de Federico García Lorca

Foto Lorca: Manuel Angeles Ortiz. VEGAP. Madrid 1998 – ALDEASA. Madrid 1998 | Dibujos Buñuel, Dalí y Falla por Jesús Sordo Medina.

A Federico García Lorca lo mataron por revolucionario; por criticar lo patriarcal en defensa de lo matriarcal; por reconocer el valor de la cultura musulmana en la península ibérica y arruinar así ese «salafismo» de la derecha española más reaccionaria; por defender los derechos del hombre frente a la alienación de los estados autoritarios; por igualar a las clases y a las razas, como hizo con la población gitana; por soltar el puño sobre la mesa contra el capitalismo y la burguesía más inútil, o por equiparar homosexualidad y heterosexualidad. Lo mataron por denunciar todos y cada uno de los elementos del paradigma de la ultra-derecha española en favor de una sociedad más ilustrada, pero sobre todo más humanista, que, solo a veces, coincidía con los principios del comunismo y el socialismo.

La II República Española fue de hecho una república demócrata y burguesa, que se hizo realidad gracias a un tratado de partidos moderados de derecha, centro e izquierda, Alex.

Cuando Lorca fue detenido, al parecer en una operación policial bastante grande para detener a un solo hombre, al poeta lo acusaron de tres delitos: «ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual» [Federico García Lorca, vol. II, p. 476].

El texto de esta denuncia, hoy perdido, ha llegado a nosotros gracias a la tradición popular que escritores como Ian Gibson han recogido y organizado para poder elaborar una biografía más o menos precisa de los últimos días de Lorca en Granada.

Hoy en día, incluso defensores del Franquismo, convienen en que la ejecución de Lorca fue un error. También, para muchos, aquellas acusaciones han de ser precisadas. Fue cierta su amistad con Fernando de los Ríos y su homosexualidad -aunque lo de que fuera delito no tenga ningún fundamento-. Sin embargo, que fuera comunista o un espía bolchevique en España era bastante improbable, y el propio Lorca hizo un gran esfuerzo a lo largo de su vida para que su discurso, a veces codo a codo con el discurso socialista, estuviera bien diferenciado del bolchevismo.

Es cierto que Lorca participó, durante los cinco años que duró la Segunda República, en diversas actividades como la compañía universitaria de teatro itinerante La Barraca, con la que viajó por toda España dirigiendo funciones de los clásicos a las clases más humildes, además de promover el intercambio de ideas y la reflexión sobre la libertad para conseguir «una maravillosa cadena de solidaridad espiritual» (Federico García Lorca, Ian Gibson. Vol. II, pag 172). También es cierto que, como hombre de teatro, intelectual e ilusionado por el proyecto de la República, apoyó a ésta desde su campo, el de las artes y la literatura, para dar solidez a una forma de gobierno democrática y moderna. Sin embargo, el hecho de que fuera correligionario de comunistas, anarquistas, republicanos o socialistas en esa noble misión, no le convertía en miembro de ninguno de estos partidos. De hecho, la República Española no fue patrimonio único de comunistas, socialistas o anarquistas, aunque cada uno tuviera su cuota de poder en la misma.

Entonces, ¿en qué posición política podríamos ubicar a Lorca? Por su independencia personal y política, algunos lo podrían calificar de liberal -un tanto radical, eso sí-; de social-demócrata, por resistirse a la influencia marxista; otros de republicano moderado, y otros de libertario. Calificaciones demasiado someras y que se han fosilizado a lo largo del siglo XX a la hora definir a alguien en el espectro del centro-izquierda.

No obstante, pese a su compromiso y defensa de los más pobres -que le colocaría en los aledaños de un marxismo humanista, un cristianismo social o un humanismo puro y duro- Lorca fue un revolucionario pero no por mandato marxista, sino por mandato artístico. En 1936, cuando ya había terminado la obra La casa de Bernarda Alba, en una entrevista se le preguntó sobre su posición política: «Yo nunca seré político. Yo soy revolucionario porque no hay verdadero poeta que no sea revolucionario. ¿No lo crees tú así?…Pero político no lo seré nunca, ¡nunca!» (2) Lorca, considerando estas palabras, encajaría más como un autor teatral y reformador democrático en la Atenas de Pericles que ocupando asiento en el Congreso Panruso de los Sóviets.

Es cierto que la línea es muy delgada a la hora de colocar a Lorca en una u otra posición política, aunque la figura del librepensador de izquierdas y crítico incluso hasta con la misma izquierda -a la que muchos le han querido afiliar- sea una posición adecuada. En sus conferencias, entrevistas y textos en general hay muchos ejemplos de su crítica hacia los sistemas socio-políticos planificados y basados en una doctrina determinada, incluida la marxista. En este sentido, queremos detenernos en el discurso que pronunció con motivo de la inauguración de la Biblioteca de Fuentevaqueros, el pueblo natal de Lorca, en septiembre de 1931. Destacamos dos párrafos:

Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. (3)

Lorca da este discurso cuando la joven República española sólo contaba con unos meses de vida. El dramaturgo, que ya había aceptado su cuota de compromiso para defender los valores más notables de la misma, aunque sin precisar quienes son aquellos que «solamente hablan de reivindicaciones económicas» advierte de estar alerta, no fuera a suceder que la lucha por lo socio-económico convirtiera a los hombres en «máquinas al servicio del Estado».

En otro párrafo posterior, Lorca sí da nombres y alude al gran humanista «Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin» para justificar la necesidad de dar al pueblo «[…] cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz».

Como vemos, Lorca prioriza la revolución cultural y espiritual a la económica y materialista, ésta última, principio y fin del comunismo marxista. El poeta, por lo tanto, no trabaja por los demás desde una visión de la historia pragmático-cientificista, sino que lo hace tal vez retrocediendo hasta una posición hegeliana y buscando la plena realización espiritual e individual a través de la libertad.

Lorca, como otros pensadores, literatos y artistas de su tiempo, apoyaron al Frente Popular, pero desde distintas posiciones ideológicas. Algunos querían un República burgesa, a lo que el Partido Comunista de España se oponía en favor de una República bolchevique, y ya en tiempos de la República, ser bolchevique era sinónimo de «estalinismo» y, por ejemplo la social-democracia y el liberalismo, también republicanos, ya habían mostrado sus diferencias con respecto a la aplicación del marxismo-leninismo en Rusia.

* * *

En cualquier caso, la muerte de Lorca fue un gran agravio para el mundo de la literatura y de las artes, ya que como el propio poeta confesara, el talento que ya muchos le otorgaban era sólo, como la imagen de un iceberg, una parte ínfima sobre el agua que anunciaba lo que estaba por venir.

«Yo no he alcanzado un plano de madurez aún… Me considero todavía un auténtico novel. Estoy aprendiendo a manejarme en mi oficio… Hay que ascender por peldaños… Lo contrario es pedir a mi naturaleza y a mi desarrollo espiritual y mental lo que ningún autor da hasta mucho más tarde… Mi obra apenas está comenzada» (3).

Notas


(1) Romancero gitano / Yerma, Colección Antares, Libresa, pp. 21.
(2) http://www.universoabierto.com/6011/pretextos-discurso-de-federico-garcia-lorca-al-inaugurar-la-biblioteca-de-su-pueblo/
(3) http://www.garcia-lorca.org/Federico/Biografia.aspx?Sel=La+muerte

Sordo Medina
Redactor, articulista y escritor.
  • olih

    eso es la ideologia?

  • Alex

    “Algunos querían una república burguesa”… a ver, es que la II República Española fue de hecho una república demócrata y burguesa, que se hizo realidad gracias a un tratado de partidos moderados -de derecha, centro e izquierda-, si exceptuamos el PSOE, que tan solo quiso participar en ella como plataforma favorable para llevar a cabo la revolución bolchevique que era su ideal… y que desde el mismo momento que dejó de formar parte del gobierno republicano en 1933 no hizo otra cosa que atentar contra la República y la democracia (la famosa Revolución de Asturias de 1934, que fracasó estrepitosamente y de la que luego reniega, por lo que los comunistas -otros que no apoyaron a la República hasta que se lo ordenaron desde Moscú en 1935- se atribuyeron su organización).

    La República no fue “de izquierdas” hasta el triunfo del Frente Popular. El primer gobierno estuvo gobernado por una coalición de partidos moderados y el PSOE, minoritario además, y el segundo, 1933, estuvo en manos se la CEDA, que a pesar de ser monárquico y católico jamás actuó en contra de la República.

    Tienes toda la razón del mundo al decir que la República no es patrimonio de la izquierda -mucho menos de los comunistas, que el 15 de abril de 1931 fueron abucheados cuando entraron en la Puerta del Sol portando banderas comunistas-, pero a Franco le interesó la idea de que esa España culta, republicana y moderada dejase de existir y que se identificara la II República Española con “una panda de comunistas”, y al PSOE y al PCE le interesó esa postura.

    En cuanto a La Barraca, sus ideales encajan perfectamente en esa España republicana y las ideas de Lorca, pero no olvidemos que, políticamente, sus miembros eran de procedencias muy distintas… el mismo Alfonso Ponce de León, falangista, colaboró en ella (pero vsmos, que la Falange de entonces tampoco era lo que Franco nos hizo creer).

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