Mientras escribo: cómo escribir según Stephen King

On writing - Mientras escribo Stephen King

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Cuando se está aprendiendo a juntas letras, como es mi caso, la sensación que prevalece –en la cabeza y en el corazón- es la inseguridad: “¿esto que acabo de escribir es bueno? ¿podré algún día ser un buen escritor?”. Incluso las buenas críticas que recibes las miras como al ojo del pescado: “Ha dicho que le ha gustado mi libro, ¿me está tomando el pelo? ¿lo dice porque le doy pena?. En fin, ya sabéis a que me refiero si también estáis juntando letras.

Afortunadamente, y para no caer en la depresión, tirarte desde el Puente de Segovia o abandonar la empresa, existen escritores (de los buenos) como Stephen King que, de forma generosa, cuentan su experiencia con todo detalle para ahorrarnos unas sesiones de psicoterapia. Hablo del manual y biografía Mientras escribo (On wiriting) donde King se explaya para contar ese binomio tan lleno de sentido como es vida y literatura.

Lo bueno de este manual –el mejor que he leído hasta ahora- es que habla de cómo King se ha convertido en el escritor vivo que más libros ha vendido –más 350 millones lleva el tipo- partiendo de cómo evoluciona como persona, como ha sido su entorno y los hechos vitales que han influenciado en su forma de escribir o en el hecho mismo de haber decidido dedicarse al oficio de escritor.

Quien haya leído alguna entrevista de King o visto alguna de sus ponencias en universidades, ya sabrá que es un realista, y que se puede acordar de tu madre y quedarse tan ancho; muy al estilo de nuestro Pérez Reverte. Sin embargo, esa carencia de diplomacia es el verdadero secreto de que sus libros tengan el éxito que tienen.

No se anda con chiquitas para desarrollar una historia. Si es necesario que un personaje le rompa los tobillos a otro para que no escape (Misery), el lenguaje explícito nos deja bien grabada la imagen en la cabeza. O, hablando de imágenes, King también cuenta como ese hiperrealismo ha sido el responsable de algunas de sus mejores novelas: la imagen de una joven tímida con ropa anticuada y de la que todos se ríen en una clase de instituto; y otra más de esa joven en una ducha teniendo su primera menstruación fueron el germen de una de sus novelas más famosas: Carrie.

En su experiencia como creador, Stephen King recomienda no fiarse demasiado de las tramas y dejarse llevar por la intuición. Dejar que los personajes cobren viva propia y se manifiesten a su antojo creando ellos la propia historia. Aunque ellos, los personajes, desaparezcan de la escena en plan “me ha ido a comprar tabaco para no volver”. King asegura que sí lo hacen, y de paso, como si volvieran de hacer un recado, traen bajo el brazo un nuevo nudo narrativo para continuar escribiendo. Para King, las historias son como fósiles enterrados, a los que tenemos que desenterrar, pero sin prisa. Si esas imágenes germen de un relato son potentes, todo llega.

Con respecto a la construcción de personajes, no se extiende mucho, igual que en las descripciones de los mismos en sus novelas. King es partidario de describirlos en género, oficio y algún dato que merezca mencionarse por inusual. A partir de ahí, los diálogos y el desarrollo de la propia historia definen a cada personaje. ¿Su apariencia? Que cada uno busque en su repositorio mental para ponerles cara, altura, color de ojos, etc., etc.

En el libro Mientras escribo hay muchas cosas más (“aléjate de los adverbios y de la voz pasiva como de la peste”, dice King), pero si hay algo que me ha gustado es su sinceridad y un consejo vital algo trascendental –mucho si hablamos de King– que todo escritor debería seguir:

Escribir es una labor solitaria, y conviene tener a alguien que crea en ti.

Sobre todo para sobrellevar mejor la inseguridad.

Sordo Medina

Redactor, articulista y escritor.

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