El Libro del Miedo

El libro del miedo

No lo busques; no lo toques y, sobre todo, no lo leas.

Disculpa mi falta de protocolo. Debería haber comenzado esta carta con otro encabezado, pero quería que mi advertencia sobre lo que estás buscando quedara clara.

Pensarás que me refiero a un libro escrito por el mismísimo Diablo, o a un ejemplar antiguo con las esquinas de sus páginas envenenadas. No. Este es el texto de un gran manipulador. Las palabras de una mente perversa sumida en la angustia que no soporta la felicidad ajena. A causa de ello, ha escrito este libro, para arrebatarte tu lucidez.

Estoy seguro de que has oído decir por boca de expertos en el género que este texto es el cenit de la literatura de terror. Y es cierto: ni las mejores líneas de Poe o Lovecraft podrían competir con la pavorosa intensidad plástica del Libro del Miedo.

Debes saber que yo también oí esos rumores, e intrigado y por vivir aventuras, me decidí a buscar ese libro maldito… hasta que lo encontré y, lo peor de todo, lo leí.

Desde entonces, vivo presa del miedo y acorralado por imágenes espantosas. Vago por las calles temiendo de todo y de todos: sombras que tornan a figuras fantasmagóricas y me persiguen hasta sitiarme en hediondos rincones; transeúntes, los cuales, entre parpadeo y parpadeo, se transforman en seres de ultratumba, y gritos de agonía que me despiertan cada noche. ¡Créeme! Este libro, a cambio de darte la oportunidad de leer lo mejor del género, te arrebata el alma. Si lo lees, dejarás de distinguir la línea que separa realidad y fantasía.

Por eso quiero avisarte. Porque es posible que en lo sucesivo, hormigueando por rincones ocultos de Madrid, encuentres una pista en alguna librería de viejo en el Barrio de las Letras. Ese indicio quizá te lleve al taller de un huraño artesano en los Austrias. Y desde allí, desde ese oscuro lugar en el entresuelo de un edificio centenario, podrías hallar la dirección postal de un suicida, y en sus alrededores ver merodear a un coleccionista que…

Se me agota el tiempo. Mi lapso de lucidez se acaba. El miedo se apodera otra vez de mí.

Recuerda. Tenlo presente: no lo busques; no lo toques y, sobre todo, no lo leas.

Sinceramente,
Horace.

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Sordo Medina
Redactor, articulista y escritor.

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