Libros sobre el agnosticismo

«[…] Dios no es venganza, Dios es Amor. El único castigo que impone consiste en obligar a todo aquel que interrumpe una obra de amor, a continuarla». (1)

Este tipo de afirmaciones son aquellas que no dejan espacio para la crítica, incluso para mí como agnóstico. Si Dios no existe, no hay nada de que hablar, pero como no sabemos a ciencia cierta la conclusión a este misterio histórico, si cabe la posibilidad de que Dios exista y, por lo tanto, de que tenga atributos éticos y morales, la sentencia de Paulo Coelho en El Peregrino de Compostela (Diario de un Mago), me parece la más acertada para definir al «mejor de los dioses» o, dicho de otro modo, la mejor y más noble de las concepciones que podemos tener del Altísimo.

La sentencia que abre este artículo tiene miga ya que echa por tierra todo el valor del «castigo», de la «culpa», de los malos remordimientos y en fin, del afán de venganza que muchos bíblicos, a lo largo de los últimos cuatro mil años, han cargado sobre los pueblos. Bien es cierto que esta apreciación de Coelho se enfrenta a otras radicalmente distintas, incluso dentro de los márgenes de los textos sagrados, pero ¡quién ha dicho que la coherencia forma parte de las «religiones del libro»!

Es a fuerza de leer la propia Biblia; de conversar sobre las líneas escritas de la revista Atalaya de los Testigos de Jehova; de recordar mis paseos con el evangélico Antonio, o compartir costumbres con mis vecinos musulmanes que cada día más, se fortalece mi visión agnóstica de lo sobrenatural. Agnóstico digo, para tener la capacidad de disfrutar de los pasajes sagrados que aún emocionan a los creyentes o parlamentar sobre la posibilidad -en mi caso- de que la muerte sea como el preludio a la vida, donde aún no existimos.

Muchos afirman -e insisten- que el agnosticismo es un relativismo dañino que nos coloca al borde del nihilismo, cuando, creo yo, es una muestra de honestidad en aquel que no está convencido de si el nous o la parte más sublime de nosotros sobrevive a la muerte o no.

Notas sobre el agnosticismo
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También, otros concluyen que los vivos necesitamos un «refugio» de camino a la muerte. Incluso el ateo, en su convencimiento de que nada le espera en el Hades, encuentra gratificación a través de su creencia ya que se aferra a la vida por considerarla su único periodo existencial.

Ante estas visiones y para concluir, me vienen muy bien las palabras de aquel jesuita que «metían los pies en el barro como nadie»:

Aceptan la vida, la deshojan, aceptan la muerte, cuentan con ella, aceptan sobre todo a los hombres y les tienden la mano, y viven su soledad tan sincera y sin cobijos.

José María de Llanos, sobre sus amigos los agnósticos (2)


Notas:

(1) El Peregrino de Compostela (Diario de un Mago), Paulho Coelho, Ed. Planeta, 2007, Barcelona, pp 60.
(2) Disculpad si os he molestado, Juan Abarca Escobar, Editorial DDB, Desclee de Brouwer, 1991, Bilbao, pp 259.

Sordo Medina
Redactor, articulista y escritor.