La Mesa de Ocaña: una ruta turística

Pueblo de Ocaña

Esta podría ser una de esas ideas turísticas candidatas a convertirse en itinerario de Pepecar o una nueva ruta para senderistas. En cualquier caso, me he atrevido a realizar una serie de caminatas en la conocida Mesa de Ocaña; una región que comienza en el norte en Ontígola y el abandonado Castillo de Oreja y alcanza, según algunos, la localidad de Lillo, a 60 kilómetros al sur. Entre medias, mucha historia, algunos castillos e iglesias y pueblos que esconden mucho más de lo que parece.

Por qué la Mesa de Ocaña

El término “Mesa” se refiere a Meseta, y es que esta región del norte de Toledo está sobre una gran planicie que, especialmente en su zona norte, cae hasta cincuenta metros, en ocasiones, en acantilados totalmente verticales. La siguiente imagen da una idea de cómo la Mesa claudica precisamente en la frontera en los límites de Toledo y Madrid, en el Castillo de Oreja.

La Vega de Aranjuez desde el Castillo de Oreja

En cuanto a la historia de esta zona, su tiempo de mayor actividad se concentró entre los siglos XI y XIII, momento crucial entre unos, los cristianos, que atisbaban volver a dominar las tierras de Híspalis, y los musulmanes, que no cejaban en recuperar Mayrit pero que batalla va y batalla viene, acabaron, durante los reinados de los Alfonsos, por perder su hegemonía en la zona. Lo apasionante de esta región es que, entre el Castillo de Dos Barrios y el de Oreja, durante más de dos siglos, ora dominaban las tierras el Reino de Castilla ora Al Andalus.

Castillo de Monreal

Una vez las tierras de la Mesa de Ocaña pasaron definitivamente a manos cristianas, la mayor parte de esta región se convirtió en “propiedad privada”, mayormente, de la Orden de Santiago la cual, al no tener ya la responsabilidad de cuidar de sus fronteras, se instaló en sus castillos y ciudades.

Con el paso del tiempo, algunas poblaciones de la Mesa comenzaron a decaer, como ocurrió con Oreja y el Castillo de Dos Barrios, hasta que finalmente fueron abandonadas por falta de uso y el abultado coste de su mantenimiento. Otras como Ocaña, sin embargo, emergieron y en sus calles y casas se produjeron eventos importantes. El padre del poeta-soldado Jorge Manrique, Rodrigo, acabó sus días en una casa cerca de la Plaza de Ocaña, la cual ostenta el honor de ser la tercera plaza cerrada más grande de España, detrás de Madrid y Salamanca. Quien sabe si las famosas “Coplas a la muerte de mi padre” comenzaron a ser escritas en terreno ocañense.

Décadas después, Ocaña fue ciudad de parada y paso de reyes como Isabel la Católica, hasta que a partir del siglo XVII, este pueblo, como el resto de la Mesa entró en declive y lo que podría haberse convertido en una ciudad, quedó como una población pequeña, eso sí, capital de la comarca.

Los pueblos de la Mesa de Ocaña

Pueblos de la Mesa de Ocana

Muchos caminos y senderos recorren la Mesa de Ocaña. A todos los pueblos se puede llegar a pie y, en todos ellos, hay lugares con una historia milenaria que parece haber pasado desapercibida a nivel cultural y turístico.

Primera escapada: el Castillo de Oreja y su pequeña ciudad

 

Sordo Medina
Redactor, articulista y escritor.

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