El Castillo de Oreja y su pequeño pueblo

Introducción

Debió de ser un lugar realmente infranqueable. Situado en un promontorio con caídas verticales por todos sus lados excepto por su zona oeste, solo acceder a la fortaleza y a la pequeña villa adosada constituye, todavía hoy, un considerable esfuerzo. Cabe imaginar que si la intención era atacar el sitio enfundados todos en armaduras, con catapultas y toda la parafernalia bélica (mientras desde posiciones superiores llovían flechas por cientos), tomar el Castillo de Oreja era una misión casi suicida solo viable durante el medievo, era de grandes bravuconadas.

Breve historia

Al promontorio y al gran risco sobre el que se asienta el propio castillo, los romanos lo llamaban Aurelia, por lo que es muy posible que esta zona ya tuviera algún tipo de utilidad militar durante la época clásica y contara con una pequeña villa. Lo que si se sabe con certeza es que fueron los musulmanes quienes primero, alrededor del siglo IX, construyeron una fortaleza en lo alto de esta sierra además de una población –llamada también de Oreja– bajo su protección.

Junto al castillo de Dosbarrios y el Vilamanrique, los musulmanes, durante varios siglos, tuvieron el área de la Comarca de Ocaña bien vigilada de las incursiones cristianas. Pero fue en 1108, en la Batalla de Uclés, cuando Alfonso VI de Castilla tomó temporalmente la fortaleza al rey musulmán Madzalí, quien había regalado el Castillo de Oreja a su esposa Zaida años antes. Al ser esta zona frontera entre musulmanes y cristianos, los avances y retrocesos eran constantes y en 1113, el propio Mazdalí recuperó el sitio de nuevo para convertirlo en el primer bastión de defensa contra las tropas cristianas que tenían ya su frontera en la ribera del Tajo.

Durante más de dos décadas, los musulmanes resistieron la presión constante por parte de castellanos hasta que en 1139, tras varios años de asedio, Alfonso VII de León tomó la ciudad con una fuerza mixta de tropas toledanas y extremeñas, además de astures y gallegos del Reino de León. Tras la victoria, la pequeña ciudad fue repoblada y utilizada para apoyar la expansión de las tropas de una cada vez más unificada Hispania hacia Levante y Córdoba. Años más tarde (1171), con las fronteras más o menos estabilizadas, la fortaleza y su ciudadela fueron cedidas por Alfonso VIII a la Orden de Santiago que se encargó de defender la plaza ante las incursiones y ataques de las fueras Almohades.

A partir de la estabilización de la zona y la falta de uso militar del castillo, este fue perdiendo importancia y en el siglo XV pasó a manos privadas. Primero a Gutierre de Cárdenas, natural de Ocaña y contador mayor del reino en tiempos de los Reyes Católicos y alcalde de Toledo; luego a los condes de Colmenar –población al norte del castillo– y, finalmente, a los Duques de Frías, uno de los linajes más importantes de la Baja Edad Media.

Ya en la Edad moderna, a causa especialmente del dificultoso acceso a la zona, el castillo entró en desuso y solo la pequeña población cercana se mantuvo activa durante algún tiempo, aunque perdió gran parte de su población que se trasladó a otras poblaciones como Ontígola y, sobre todo, Aranjuez. Pocos fueron los vecinos que se quedaron en Oreja, básicamente para cuidar del ganado y cultivar pequeñas porciones de terreno dedicado al secano.

Ciudad de Oreja

Pese a todo y, sorprendentemente, aún en el siglo XX, la pequeña villa contaba con unas catorce casas, maestra, servicio de correo, una pequeña ermita y unas modestas fiestas patronales. Pero los cambios en la sociedad de entonces, la falta de luz, servicios médicos y de agua corriente –los vecinos iban a por agua al Tajo en caballerías–, provocó que los últimos habitantes de esta milenaria ciudad la abandonaran en 1959 quedando solo un día, el 15 de agosto, como día patronal en honor a la Virgen de la Asunción. En este día, vecinos de los alrededores y que aún tienen vínculos con la zona, se acercan a Oreja a celebrar en los alrededores de la ermita de la Asunción de Nuestra Señora su día grande.

Ciudad de Oreja Zona Sur

Oreja, un pueblo deshabitado

Los restos de Oreja aún se mantienen en pie a pesar del paso del tieNúmero 666, Ciudad de Orejampo. La población consta de una calle principal sin salida y dos calles exteriores. La calle interior cuenta aún con unas doce casas en pie, algunas de ellas con planta superior independiente por lo que es muy probable que en la primera mitad del siglo pasado llegaran a vivir más de veinte familias incluida la maestra. Además, algunas viviendas cuentan también con bodegas donde seguramente se almacenaba el grano, la comida y el vino.

Aunque la planicie donde se encuentra la villa de Oreja es superior al risco donde está ubicado el castillo, tampoco el área cuenta con grandes extensiones de terreno por lo que los cultivos deberían de ser pequeños.

Lo que si sorprende es que, aunque ya no viva nadie en Oreja, la villa es visitada a menudo. Da cuenta de ello la cantidad de pintadas y grafittis de sus paredes. De hecho, al número 6 de la calle principal, se le han añadido dos números 6 más para declarar esa vivienda como al del mismísimo diablo.

Características del castillo

La parte esencial del castillo de Oreja es su torre:

Tiene algunas saeteras circulares, indicios de matacanes de madera y grandes y toscos merlones que rematan las torres. Las esquinas son de sillería y están redondeadas a media altura. Sólo posee una puerta. En el interior pueden apreciarse los restos de la iglesia, dos bóvedas y un aljibe. (1)

Interior Castillo de OrejaDe unos veinte metros de altura y diez de diámetro tiene alrededor lo que aparentemente eran las murallas justo en el límite de los precipicios y caídas en el lado norte, oeste y sur. Su conversación es algo precaria aunque también es cierto que se pueden observar trabajos de mantenimient0, sobre todo en su entrada donde algunos bloques de piedra están asegurados de desprenderse con cemento blanco.

También sorprende un pequeño camino, precisamente en el lado de poniente, que baja hasta el sitio llamado Soto de Oreja, la gran planicie que llega hasta los cercanos pueblos de Colmenar de Oreja y el río Tajo. En esa planicie, seguramente, se concentraban las fuerzas cristianas y musulmanas para abordar la conquista de la fortaleza. Al pie de la misma, también existía una pequeña villa llamada la Casa del Soto hoy derruida y abandonada.

Una escapada recomendada

Tres son las poblaciones desde las que se puede acceder al Castillo y Ciudad de Oreja: Ontígola, al noroeste y a unos 8 kilómetros; Colmenar de Oreja, al norte y a poco más de 4 kilómetros; Aranjuez a 8 km; Noblejas a 7,5 km y Ocaña, pueblo más alejado a unos 9 kilómetros. Estas distancias son en línea recta y para el caso de los pueblos del sur (Ocaña y Noblejas), la distancia en algo mayor. A continuación un pequeño mapa.

Mapa de los caminos a Castillo de Oreja

El acceso desde Ocaña, tras abandonar su “Mesa” desde dónde se puede divisar el castillo es el más penoso, especialmente cuando se alcanza los alrededores del promontorio. Existe un camino que rodea las colinas y acaba accediendo a la pequeña villa por el sureste pero no exento de subidas.

Sin embargo, si se accede desde Colmenar de Oreja u Ontígola, necesariamente hay que pasar por el Soto de Oreja, completamente llano. Sólo al final, a los pies del risco es cuando comienza la pendiente pudiendo acceder al castillo por su lado oeste o la propia Oreja por el lado este. Cualquiera de los dos caminos posee un desnivel considerable.

Por encima de todo lo dicho, acceder al Castillo de Oreja a pie y, en mi caso, desde Ocaña, ha supuesto uno de mis caminatas más interesantes. Ya desde la parte más alta de la «Mesa de Ocaña» pude divisarlo y me demoré al menos una hora en alcanzarlo. Mientras caminaba entre colinas por caminos y trochas me imaginé cómo musulmanes y cristianos, durante siglos, habían defendido y atacado ese enclave estratégico tan importante para dominar la actual Comarca de Ocaña. Finalmente, después de unas horas de caminata, por el lado oeste y tras girar a la derecha por una pequeña trocha, al fin, pude divisar el final de mi escapada.

Vista del castillo por el Camino Ocaña


Otras fuentes de información

Sordo Medina
Redactor, articulista y escritor.