Cortinas hacia el Tanatos

Las cortinas del tanatos

Los párpados le pesaban como una losa. Aquella sensación era muy distinta a la del cansancio que precede al sueño. Le faltaba oxígeno y pronto comenzó a sudar abundantemente. Aquel hombre sentía en cuerpo y alma como se le iba la vida. No había vuelta atrás: la suave pulsión mortal del Tánatos se apoderaba de él.

Su hijo permanecía de pie a su lado con una botella de agua en las manos. Estaba asustado. No reconocía a su padre: aquel hombre estoico y recio que ahora, sentado en una camilla de una sala de urgencias en un hospital atestado de enfermos, no conseguía articular palabra.

Un grupo de doctores había abandonado aquella estancia unos minutos antes. No habían dicho mucho. Sólo uno de ellos había mirado al joven y tras esbozar una sonrisa compasiva, junto al resto de médicos, había dejado a padre e hijo solos. El joven lo interpretó como un gesto de respeto para que ambos se prepararan para lo inevitable; para la despedida. Sin embargo, no encontraban la forma de hacerlo.

Durante muchos años, la relación entre ambos había sido parca en todos los sentidos: pocas palabras, pocos sentimientos y pocas experiencias en común, y ahora eso les pesaba. Finalmente, el joven animó a su progenitor para que bebiera algo de agua. Su padre aceptó la botella y sorbió brevemente mientras se lo agradecía con una leve sonrisa y con el vértigo mortal en la mirada.

El mismo grupo de doctores entró de nuevo en la habitación con gesto grave. El silencio era rotundo y sepulcral. Traían consigo una silla de ruedas para llevarse al enfermo, pero éste la rechazó. Se incorporó con las pocas fuerzas que le quedaban y comenzó a andar.

Todos salieron al pasillo para dirigirse a una sala de urgencias repleta de pacientes. El joven permaneció al lado de su padre y puso su mano en el hombro de su progenitor. En la habitación le había visto abatido como nunca, irreconocible. Sin embargo, ese gesto de rechazar la silla de ruedas le había devuelto su carácter habitual: firme y estoico siempre; pese a la enfermedad, pese a encontrarse frente a las puertas del Hades o el Reino de los Cielos.

Su padre alcanzó la sala de urgencias y logró tumbarse en una camilla mientras lanzaba una última mirada agotada a su hijo. Dos enfermeras cerraron unas cortinas portátiles de forma rutinaria separando a padre e hijo y estableciendo la frontera entre la vida y la muerte.

Y allí acabó todo. El joven jamás volvió a ver a su padre vivo.

Sordo Medina
Redactor, articulista y escritor.

3 comentarios

  1. Su palacio era una cueva oscura donde el sol nunca brillaba. A su entrada crecian amapolas y otras plantas hipnoticas . Segun algunas fuentes, vivia junto con Tanatos en un palacio subterraneo cercano al de Nix. Segun otras, lo hacia en una cueva bajo una isla griega , a traves de la cual fluia Lete , el rio del olvido.

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